La Calabaza de Ith
Halloween
¿Te extraña que
aparezca en la noche de Halloween? ¿Te molesta que camine junto a ti cuando
estás desnuda? Sé que te condenaron a morir en la hoguera. Sé que tu
delito se llama conocimiento. Sé que ofendiste a la estupidez. Entiende :
¡soy un descendiente de Ith, el hijo del celta Breogan!; aquel a quien llamaron
el guerrero inquieto, el caudillo que quiso conquistarlo todo.
Aparezco frente a
ti, pues mi amor es más poderoso que mi muerte. ¡Gracias por darme un minuto de
tu memoria! A los espíritus con eso nos basta. ¡Soy un descendiente de Ith! En
mis venas corre sangre celta.
Acuérdate que
allá, en las costas de la Coruña, un día de claridad, desde la Torre de
Hércules: Ith, mi padre, divisó una tierra verde de llanuras extensas, que a la
distancia alucinaba. Ante esta visión se frotó los ojos, creyendo que lo visto
era espejismo. Durante horas siguió observando. El panorama mágico no
desaparecía. Entonces Ith, mi padre, decidió organizar una expedición hacia las
tierras avizoradas y así seguir aquello que le proponía su destino de guerrero.
El hallazgo de las
nuevas tierras le generó la mayor intuición: ¡el Poder! El cosquilleo recorrió
su cuerpo. Los dedos de sus pies comenzaron a moverse... eran como peces recién
nacidos. Sus rodillas temblaron hasta que le dolieron los huesos. No hubo duda,
Ith, mi padre, en la distancia encontró su destino.
En las tierras
recién vistas, él superaría las hazañas de mi abuelo: las del Caudillo, así lo
llamaban sus ejércitos. Ith podría ser libre de sombras, dejar de vivir a
expensas de las glorias de su padre; llegar a ser un destino propio. Un
guerrero no hereda nada. ¡Se forja a sí mismo!
Ith, mi padre,
organizó un viaje hacia las llanuras verdes, a ese sitio que entre la niebla,
le develó la intuición.
Su mente, le dijo: ¡Ahí encontrarás la gloria! Presto se
embarcó para convertirse en el primer rey de aquellas tierras que después se
llamarían Irlanda. Antes pidió, que de todos los rincones de Galicia, los
sabios celtas le llevaran víveres y animales con los que poblaría la tierra
nueva.
Los objetos que
llevaría a su viaje, más allá de su valor práctico, emanaban el simbólico. Una
noche antes de partir, me concibió a mí. Lo sé porque mi madre me lo dijo. Sé
que ella no miente, pues también me habló de ti. Me dijo que algún día te
encontraré para hacer el amor junto a la luna. Tú sabes que así será. ¡Nuestra
descendencia será la Eternidad!
A las tierras
marcadas por el sortilegio, se va cargado de magia y lo justo para sobrevivir.
Así lo impone esa tradición oral que secretamente se transmiten los grandes
conquistadores. Antes de partir se concibe un hijo. Al llegar, otro. Diferente
mujer, misma sangre que se mezcla con otra sangre. Tú sabes que mi padre
también fue tu padre. Que mi sangre también es tu sangre.
Ith, nuestro padre
estaba decidido a convertir la nueva tierra en un lugar mítico. Zarpó
abanderado por la ambición y protegido por la muerte. Se dice que
entre tantas cosas que embarcó hacia Irlanda, iban varias calabazas, con ella
atemorizaría a los malos espíritus. ¡Calabazas mágicas de la Galicia!
¡Irlanda!,
¡Irlanda! Al pisar la tierra nueva, a manera de sortilegio protector, Ith,
nuestro padre, en la mano llevaba una calabaza ahuecada a la que con una navaja
le ranuró ojos, nariz, boca y después le introdujo una vela de sebo negro
extraído de la sangre de un buitre: ¡del interior de la calabaza brotó el
espectro!
Sobre las “tripas”
que extrajo de la calabaza, nuestro padre derramó sangre de su dedo índice,
después esperma. Enterró las “vísceras”, pensando que serían su protección
contra las heridas de batalla y su garantía para alcanzar la grandeza. Ith confió
en la disciplina de sus creencias, en la fuerza de los antiguos dioses
gallegos. A partir de ese momento, la tradición de la calabaza que ahuyenta los
espectros se guardó en las almas de los Hombres, por los siglos de los siglos.
Al llegar a las
nuevas tierras mi padre buscó nueva mujer. Te concibió a ti. Tu madre fue la
primera mujer que Ith divisó en el que sería su reino. No fue casualidad. El
destino de los conquistadores nunca es casual.
Siglos después,
cuando los irlandeses emigraron de sus llanuras hacia la América, no olvidaron
llevar la calabaza de Ith, nuestro padre. Con la tradición, también
transportaron al espectro. Desde entonces, cada noche de Halloween, Ith vaga por las costas de Irlanda llevando en la mano
una calabaza cultivada en Galicia. Minutos después vaga en la América.
De la calabaza
surgen sus hijos: ¡Tú y yo! A las doce en punto, una gota de mi semen baña tu
interior. Es el aceite del fuego. Tú gritas: ¡Halloween! Son las doce de la noche. Vivimos
dentro de una calabaza. Tú y yo somos la porción vital del espectro. La muerte
necesita el aceite de nuestra pasión. Se alimenta de nuestra luz.
El día que te
quemaron en la hoguera te soñé. No tuve miedo. Entré a las llamas besé tus
labios descarnados, tú me ofreciste tus pechos incandescentes. Desde esa noche,
Ith, nuestro padre, quiso que su descendencia viviera en el mito. ¡Nos permite
vivir en su calabaza! Tú y yo somos lumbre en la hoguera interior de la calabaza. Todas
las noches de Halloween, nuestro
padre la ranura para que de entre los muertos, salga nuestra luz.
He renacido.
Reencarno cada cien años. Sé que tú también. Nazcas donde nazcas, terminamos
encontrándonos. El mes pasado te vi por primera vez en esta vida. Quise decirte
que desde muchas reencarnaciones nos amamos. Preferí callar. Ahora estoy
muerto. Un accidente truncó mi vida. En esta existencia no haremos el amor
junto a la luna.
Déjame que te
cuente. Los relatos acercan. Una ocasión que vagaba por las costas de Irlanda,
invocando el espectro de nuestro padre, vi su fantasma. También él imploraba al
espectro de su padre. ¿Cuántos Iths y Hamlets existen? ¿Cuántos celtas como tú
y yo imploran al espectro de su autor?
Ith en la mano
lleva una calabaza. Sé que, gracias al mito, ahora la pasión es una calabaza
hueca que vibra cuando se le enciende una vela en el interior. Así se ahuyentan
los malos espíritus. Sé que un guerrero es aquel que a través del triunfo trata
de invocar el espíritu de su padre eterno.
¿Por qué te
extraña que en nuestra próxima encarnación, te haga el amor la noche de Halloween? No uses disfraz, no te
escondas de mí. ¡No me temas! Eres la mujer que me amó en vidas, en todas
nuestras vidas. Amó y amará son palabras que se unen en la Eternidad. Sólo en
la luna de Halloween alcanzamos el clímax... no te disfraces, mi amor.
Las velas con las
que nuestro padre ilumina el espectro de la calabaza, él las fabricó con la cera
que extrae de los huesos de aquellos que se sientan alrededor de las hogueras a
escuchar nuestras historias.
Quien escucha
nuestra existencia, ¡ya es nuestra existencia! Somos sangre de la misma sangre
y mito que surge del mismo mito. ¡Esta es la palabra de un celta! Tu boca y mi
pluma saben de nuestro amor, ¿qué más necesitamos? Es por es que escribo este
relato para perpetuar nuestro secreto y sortilegio.
¡No temas! Tú
también eres un espectro: ¿Acaso después que tu recuerdo me enterró, no has rondado
mi muerte? Sabes que aunque sobrevenga la muerte, ¡el amor, es la escritura del
la Eternidad! Ya se encendió la vela. ¡Dame un beso!
Miguel Ángel de Bernardi
1999
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