lunes, 30 de octubre de 2017

Halloween La Calabaza de It

La Calabaza de Ith
Halloween 

¿Te extraña que aparezca en la noche de Halloween? ¿Te molesta que camine junto a ti cuando estás desnuda? Sé que te condenaron a morir en la hoguera. Sé que tu delito se llama conocimiento. Sé que ofendiste a la estupidez. Entiende: ¡soy un descendiente de Ith, el hijo del celta Breogan!; aquel a quien llamaron el guerrero inquieto, el caudillo que quiso conquistarlo todo.

Aparezco frente a ti, pues mi amor es más poderoso que mi muerte. ¡Gracias por darme un minuto de tu memoria! A los espíritus con eso nos basta. ¡Soy un descendiente de Ith! En mis venas corre sangre celta.  

Acuérdate que allá, en las costas de la Coruña, un día de claridad, desde la Torre de Hércules: Ith, mi padre, divisó una tierra verde de llanuras extensas, que a la distancia alucinaba. Ante esta visión se frotó los ojos, creyendo que lo visto era espejismo. Durante horas siguió observando. El panorama mágico no desaparecía. Entonces Ith, mi padre, decidió organizar una expedición hacia las tierras avizoradas y así seguir aquello que le proponía su destino de guerrero.

El hallazgo de las nuevas tierras le generó la mayor intuición: ¡el Poder! El cosquilleo recorrió su cuerpo. Los dedos de sus pies comenzaron a moverse... eran como peces recién nacidos. Sus rodillas temblaron hasta que le dolieron los huesos. No hubo duda, Ith, mi padre, en la distancia encontró su destino.

En las tierras recién vistas, él superaría las hazañas de mi abuelo: las del Caudillo, así lo llamaban sus ejércitos. Ith podría ser libre de sombras, dejar de vivir a expensas de las glorias de su padre; llegar a ser un destino propio. Un guerrero no hereda nada. ¡Se forja a sí mismo!

Ith, mi padre, organizó un viaje hacia las llanuras verdes, a ese sitio que entre la niebla, le develó la intuición. Su mente, le dijo: ¡Ahí encontrarás la gloria! Presto se embarcó para convertirse en el primer rey de aquellas tierras que después se llamarían Irlanda. Antes pidió, que de todos los rincones de Galicia, los sabios celtas le llevaran víveres y animales con los que poblaría la tierra nueva.

Los objetos que llevaría a su viaje, más allá de su valor práctico, emanaban el simbólico. Una noche antes de partir, me concibió a mí. Lo sé porque mi madre me lo dijo. Sé que ella no miente, pues también me habló de ti. Me dijo que algún día te encontraré para hacer el amor junto a la luna. Tú sabes que así será. ¡Nuestra descendencia será la Eternidad!

A las tierras marcadas por el sortilegio, se va cargado de magia y lo justo para sobrevivir. Así lo impone esa tradición oral que secretamente se transmiten los grandes conquistadores. Antes de partir se concibe un hijo. Al llegar, otro. Diferente mujer, misma sangre que se mezcla con otra sangre. Tú sabes que mi padre también fue tu padre. Que mi sangre también es tu sangre.

Ith, nuestro padre estaba decidido a convertir la nueva tierra en un lugar mítico. Zarpó abanderado por la ambición y protegido por la muerte. Se dice que entre tantas cosas que embarcó hacia Irlanda, iban varias calabazas, con ella atemorizaría a los malos espíritus. ¡Calabazas mágicas de la Galicia!

¡Irlanda!, ¡Irlanda! Al pisar la tierra nueva, a manera de sortilegio protector, Ith, nuestro padre, en la mano llevaba una calabaza ahuecada a la que con una navaja le ranuró ojos, nariz, boca y después le introdujo una vela de sebo negro extraído de la sangre de un buitre: ¡del interior de la calabaza brotó el espectro!

Sobre las “tripas” que extrajo de la calabaza, nuestro padre derramó sangre de su dedo índice, después esperma. Enterró las “vísceras”, pensando que serían su protección contra las heridas de batalla y su garantía para alcanzar la grandeza. Ith confió en la disciplina de sus creencias, en la fuerza de los antiguos dioses gallegos. A partir de ese momento, la tradición de la calabaza que ahuyenta los espectros se guardó en las almas de los Hombres, por los siglos de los siglos.

Al llegar a las nuevas tierras mi padre buscó nueva mujer. Te concibió a ti. Tu madre fue la primera mujer que Ith divisó en el que sería su reino. No fue casualidad. El destino de los conquistadores nunca es casual.

Siglos después, cuando los irlandeses emigraron de sus llanuras hacia la América, no olvidaron llevar la calabaza de Ith, nuestro padre. Con la tradición, también transportaron al espectro. Desde entonces, cada noche de Halloween, Ith vaga por las costas de Irlanda llevando en la mano una calabaza cultivada en Galicia. Minutos después vaga en la América.

De la calabaza surgen sus hijos: ¡Tú y yo! A las doce en punto, una gota de mi semen baña tu interior. Es el aceite del fuego. Tú gritas: ¡Halloween! Son las doce de la noche. Vivimos dentro de una calabaza. Tú y yo somos la porción vital del espectro. La muerte necesita el aceite de nuestra pasión. Se alimenta de nuestra luz.

El día que te quemaron en la hoguera te soñé. No tuve miedo. Entré a las llamas besé tus labios descarnados, tú me ofreciste tus pechos incandescentes. Desde esa noche, Ith, nuestro padre, quiso que su descendencia viviera en el mito. ¡Nos permite vivir en su calabaza! Tú y yo somos lumbre en la hoguera interior de la calabaza. Todas las noches de Halloween, nuestro padre la ranura para que de entre los muertos, salga nuestra luz.

He renacido. Reencarno cada cien años. Sé que tú también. Nazcas donde nazcas, terminamos encontrándonos. El mes pasado te vi por primera vez en esta vida. Quise decirte que desde muchas reencarnaciones nos amamos. Preferí callar. Ahora estoy muerto. Un accidente truncó mi vida. En esta existencia no haremos el amor junto a la luna.

Déjame que te cuente. Los relatos acercan. Una ocasión que vagaba por las costas de Irlanda, invocando el espectro de nuestro padre, vi su fantasma. También él imploraba al espectro de su padre. ¿Cuántos Iths y Hamlets existen? ¿Cuántos celtas como tú y yo imploran al espectro de su autor?

Ith en la mano lleva una calabaza. Sé que, gracias al mito, ahora la pasión es una calabaza hueca que vibra cuando se le enciende una vela en el interior. Así se ahuyentan los malos espíritus. Sé que un guerrero es aquel que a través del triunfo trata de invocar el espíritu de su padre eterno.

¿Por qué te extraña que en nuestra próxima encarnación, te haga el amor la noche de Halloween? No uses disfraz, no te escondas de mí. ¡No me temas! Eres la mujer que me amó en vidas, en todas nuestras vidas. Amó y amará son palabras que se unen en la Eternidad. Sólo en la luna de Halloween alcanzamos el clímax... no te disfraces, mi amor.

Las velas con las que nuestro padre ilumina el espectro de la calabaza, él las fabricó con la cera que extrae de los huesos de aquellos que se sientan alrededor de las hogueras a escuchar nuestras historias.

Quien escucha nuestra existencia, ¡ya es nuestra existencia! Somos sangre de la misma sangre y mito que surge del mismo mito. ¡Esta es la palabra de un celta! Tu boca y mi pluma saben de nuestro amor, ¿qué más necesitamos? Es por es que escribo este relato para perpetuar nuestro secreto y sortilegio.

¡No temas! Tú también eres un espectro: ¿Acaso después que tu recuerdo me enterró, no has rondado mi muerte? Sabes que aunque sobrevenga la muerte, ¡el amor, es la escritura del la Eternidad! Ya se encendió la vela. ¡Dame un beso!

Miguel Ángel de Bernardi
1999

®

No hay comentarios.:

Publicar un comentario